
Estoy escribiendo esto desde otro computador. Echo de menos mi teclado. No estoy acostumbrada a los golpes tan largos de estas teclas. Tampoco a la configuración de la pantalla que termina de darle un toque redondeado-setentero a las imágenes. Y lo peor -SÍ LO PEOR- es que el acento “´” está en la tecla “`” y eso, simplemente, me-es-tá-sa-can-do-de-qui-cio. Extraño mi compu pequeño y sobredimensionado para mis necesidades. Secretamente me reprocho porqué no decidí echarlo en la mochila y traerlo a esta ciudad de fin de semana. Pero no digo nada en público. Nadie puede echar de menos un aparatito, me convenzo.
Aunque claro, no estoy segura.
No echo de menos lo que significa el aparato (Internet, acceso a mi trabajo, bajar cosas) sino al aparato en sí mismo. ¿Se entiende ahora por qué no lo digo en público? Es como con mi antiguo celular. Un teléfono que para lo único que servía era para hacer llamadas. No fotos. No cámara. No mails. LLA-MA-DAS. Una especie de prueba fehaciente de austeridad tecnológica. Un verdadero acto franciscano. Pero lo cambié a uno algo más moderno y hoy no dejo de extrañarlo. Aún siento su timbre y juro que me están llamando. Veo la carcasa negra del actual y pienso que el otro podía combinarlo según la ropa. Ay -me decían- tu celular tiene los mismos tonos que la polera. ¿Ustedes realmente creen que es casual pequeños saltamontes?, solía contestar yo con algo más que simple orgullo.
Pienso si esos serán mis fantasmas tech. Esos que para mi padre se traducen en la cara de emocionada melancolía cuando recuerda el compu Times Sinclair, en la época en que recién hacía sus primeras incursiones en la informática home made 1.0. P. una vez me contó que sus fantasmas tech no iban por el dispositivo. Hace poco se acordó que a finales de los noventas creó un sitio en Tripod y que por más de una semana se adentró a su papelera de reciclaje mental hasta que encontró la dirección. Se acordó de lo que escribía. De lo que colgó. De todos esos años que ahora le parecían prehistóricos. Decidió borrar todo. Hoy se arrepiente y trabaja levantando una nueva página en Tripod. Para rescatar la estética lo-fi, me dice. Sí, le contesto, es que éramos tan lo-fi…
Con lo de P., creo que quizás sea cierto que uno esté preso de sus palabras páginas en Internet y sea mejor pensar bien en lo que se publica. Siempre recuerdo la historia de un amiga de M. que decidió tener un primer correo electrónico llamado yoamoamarcelo@yahoo.com. ¡Yo amo a Marcelo! Pero qué tal si un día termina con el tal Marcelo. Todos se enteran cuando llegue un correo diciendo: hola, he cambiado mi antiguo correo por uno normal… ¡Eso sí que es estar atrapada por un fantasma tech!
¡Ejem, ejem…! carraspea mi conciencia. Hace algunas semanas tuviste que cambiar tu clave en Bazuca. Ya se imaginarán ustedes por qué. ¡Ejem, ejem…! carraspea de nuevo mi conciencia. Ya no tienes 15 años, P.P. Ya no vale la pena pensar en lo lo-fi, P.P. Ya es hora que dejes ir los fantasmas tech, P.P. Ahahahah…, atino a suspirar: al final todo -PERO TODO- se vuelve tan analógico.
:::
Foto con CC de leo.prie.to
me acordé al final de la historia que leoprieto es también como un fantasma tech, de alguna forma
Da susto, no?