Archive for the ‘Web 2.0’ Category

Communities become the brand
noviembre 23, 2008

Jimmy Wales según Wikipedia:

Wales es actualmente Presidente emérito de la Fundación Wikimedia, una fundación sin ánimo de lucro situada en San Francisco. Wales ha declarado que se vio influido, durante su juventud, por los libros de Ayn Rand. Mientras estudiaba en la Universidad, fue dueño y moderador de una lista de correo denominada “Discusión moderada en Filosofía Objetivista“.

Según Wikipedia, el Objetivismo sostiene que:

…el propósito moral de la vida es la búsqueda de la propia felicidad o “interés propio racional”, y que el único sistema social de acuerdo con esta moralidad es el del capitalismo puro (llamado también capitalismo laissez-faire).

Levante la mano el que tiene miedo. Para aplaudir el cóctel de optimismo ingenuo, tecnoutopía y política neolibertaria, siempre estará la Universidad Mayor y la revista El Sábado de El Mercurio. Sí, cuando se implican este tipo de instituciones siempre -pero siempre- la sospecha se transforma en mi marca.

Al menos, todavía nos queda el bueno de Scholz.

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Foto CC de David Haslip.
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La sabiduría de las multitudes estúpidas
julio 12, 2008

Seamos claros: entre que las cosas se decidan dentro de cuatro paredes o sean abiertas a la participación general, prefiero esta última. Entre la encriptada sabiduría de tecnócratas postdoctorados, opto por los sinuosos caminos de los saberes del pópulo iletrado. Aún más señas: a mí nunca me convencieron totalmente los argumentos estéticos contra la sabiduría de las multitudes. Pero algo le debo conceder a Jaron Lanier: si bien no siempre las multitudes son estúpidas, las que lo son, han encontrado en Internet el medio perfecto para popularizar su irracionalidad a través de un pseudoingenio marketinero que tiene las mismas ambiciones del crowdsourcing (pay=$0) en formato spot camuflado.

Me refiero, por supuesto, a la muletilla más comentada de toda la red: el marketing viral. Es un nombre interesante, no hay que negarlo. Se trata de posicionar un producto o servicio a través del comentario/recomendación de persona a persona a través de las herramientas de la red. Punto. Es la hot invention, claro, de los cerebros de las estrategias publicitarias que hicieron una clase de upgrade digital al chismorreo milenario. Así, hoy todo es viral. ¿Que recibiste un meme (!)? ¡Es que la web es viral! ¿Que te rickrollearon (!!)? ¡Pues que esto es viral! ¿Que agregaste en tu Facebook como amigo al perrito de Lipigas (!!!)? ¡ES QUE INTERNET ES VIRAL!

Entonces ahí hago la suma y entro a dudar de los resultados que me da. ¿No se supone que con las redes sociales de la web hay más participación y por ende un más amplio radio de reflexión entre nosotros? Así las cosas, ¿no deberían ser la web 2.0 una oportunidad para hacer una red de reputación basada en razones antes que en meros argumentos (jingles) publicitarios? En palabras simples: si todos los consumidores del mundo sabemos que la publicidad es una falsedad (una verdad arreglada, dirían por ahí), ¿por qué aceptamos ser parte de un juego del que ni siquiera nos llega un mínimo depósito monetario en nuestra cuenta corriente?

Pero claro, mis preguntas son de una perseguida. Esto es viral. Un resfrío que se contagia aunque tú pongas voluntad para no caer. Esto no se trata de racionalidades (¡las racionalidades no venden, saltamontes!) sino que de estados afiebrados y de conciencias alteradas a tal punto que sean miles los que agreguen como amigo a un perro publicitario. ¿Es que sin la web habríamos considerado amigo a Perico o le comunicaríamos a todos nuestros contactos que amábamos el manjar Colún? A mí, a veces, la sabiduría de las multitudes en formato digital no termina de convencerme.

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Foto con CC de lonelysandwich.

Mi sitio social favorito
julio 2, 2008

fakebook

Si Fakebook existiera tal y como lo conocemos, pero en la versión con “c” en Internet, no dudaría en sacar una cuenta de usuario.

Facebook no es una casa de citas
junio 26, 2008

“Esto de Facebook se está transformando en juego sucio” me decía P. Yo, que porfiada aún no tengo cuenta allí, le entendí poco. P. me lo graficó así. Las chicas en Facebook le han encontrado la vuelta al sitio y ahora lo usan no como una red de amigos, sino como una suerte de telaraña pegajosa donde –con unos contactos allá y otros mensajes por acá– pretenden hacer caer a la víctima en un contacto virtual primero para materializarlo carnalmente después. ¡Ups! ¿No será mucho?, le dije yo. Y no pues. M. salió a confirmarlo.

Como al novio de P., según M. a su chico también le llegan “simpáticos” contactos de ex novias y pretendientes que -oh, cien años después que se dejaron de ver- les nacieron unas impulsivas ganas de comunicarse. Aquello no tendría nada de malo según P., si los mensajes no fueran del tono teextrañounmontón o seríalindojuntarnosaconversar. Tampoco tendría nada de malo si P. y M. no fueran unas celosas psicopáticas, replico.

“¡Oye pero es que no!”, me espeta M. algo exaltada y batiendo su dedo índice en el aire. “¡No van a venir estas pobre minas a quitarme lo que yo conquisté en el mundo real, con las temibles reglas analógicas del físico, por unos maquillajes virtuales de buena onda y casualidad!”.

P. continúa: “Mira, la cosa es así. Si quieren un sitio de citas, que se vayan a sexsisexno, pero que no pretendan hacer de Facebook un lugar para conseguirse novios”. OK, por lo que entiendo, se trataría de un Facebook a la chilena. Como cuando las cosas que funcionan bien para todos, los chilenos se encargan de encontrarle la típica mañita para que funcione particularmente bien para ellos. The real I+D criollo, en definitiva.

¿Pero son solo las chicas? “Ay no sé”, suspira P, y continúa: “A mi novio lo han agregado miles de ex novias y a mí, NIN-GU-NO. De todo tengo dos conclusiones. La primera, que las chicas solteras con Internet son más peligrosas que en la vida analógica; la segunda, soy taaaaaaan olvidable que me deprime”. M. asiente y reflexiona mirando al aire. Para romper el silencio decidimos brindar con cerveza. Al parecer, esto de las chicas y Facebook es una clase de servicio de utilidad pública. Por eso me he decidido a escribirlo.

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Foto CC de inju.

Social networking wars
mayo 20, 2008

Las verdaderas luchas de la tecnología pedestre.

Yo soy mi propio hacker
mayo 17, 2008

Entonces I. me pregunta si me enteré del último escándalo de seguridad informática: el hackeo de una base de datos de 6 millones de chilenos. ¿No te parece escandaloso?, me dice con una expresión algo excitada. Y a pesar que sé que busca sincera complicidad, termino respondiendo afirmativamente con mi cabeza a su pregunta. Aunque sé que la respuesta es mentirosa.

Recuento rápido. Diría que el 80% de la música que escucho en el día está registrada en Last FM. Que todas las fotos de mi vida en este último año y medio están en mi Flickr. Sin dudar, el 100% de mis intereses y experiencias desde el 2004, creo, han estado/están/estarán escritos en alguna memoria de página de Internet gracias a los blogs que he tenido. Apuntaría también que el 60% de las interacciones que mantengo al día son por MSN y un 10% por Gtalk. Debería agregar que el 99% de archivos e información formal la manejo a través de mis correos. Pago mi arriendo, las cuentas y hago traspasos por deudas varias a través de la sucursal virtual de mi banco (y hay que decir que es pésima). Mi Emule está funcionando todo el día en cada ocasión que enciendo el computador, aunque mis intercambios de archivos prioritarios son por Zshare y Rapidshare. Mi RSS mantiene todas mis lecturas diarias. Del.icio.us es el único lugar en que confío para guardar los contenidos que me interesan, todos, claro, estructurados por una imperfecta pero suficiente folksonomía que me funciona regio. Y cómo no, porque me da un aburrimiento enorme encontrarme con un vendedor que de seguro me atenderá mal, hago un 40% de mis compras en Internet.

Jamás -al menos concientemente- he firmado un contrato de confidencialidad con aquellas interfaces. La única vez que pienso en el concepto de “seguridad” cuando estoy en Internet, es cuando en el navegador aparece un candadito en la parte inferior de la pantalla. Y cuando me avisa que no lo es, lo confieso, cliqueo Aceptar igual.

Entonces I. me pregunta si me parece escandaloso el último incidente de seguridad informática. Y a pesar que sé que busca sincera complicidad, le miento y le respondo que sí. A estas alturas, que haya una base de datos suelta con mis datos no puede importarme menos, la verdad. De hecho, a tooooodo mi rastro voluntario en Internet, pienso agregar seriamente el registro minuto a minuto de mi vida con un Twitter personal. Y de paso, desechar la posibilidad que la gran tienda deje de mandarme ofertas que nunca pedí al mail solo porque igual aciertan con lo que necesito. Hay que decirlo: a mí la web semántica me vendrá como anillo al dedo. I. no lo sabe, pero me puse la soga al cuello hace mucho tiempo. Yo soy mi propio hacker.

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Foto CC clurr.

Lo que no entiendo pero entiendo de Fotolog
abril 13, 2008

E., la alemana, hablaba perfectamente español, francés e inglés. Tan bien lo hacía, de hecho, que cuando la escuchaba pronunciar y diferenciar tan bien las “s” de las “c” y de las “z”, automáticamente yo bajaba la voz para que no me escuchara el acento español indecente que tengo por lengua madre. Era -la alemana- una mujer envidiable. Rubia-delgada-alta, claro, de unos entrados 50 años, perfectamente bien arreglada. Hacía clases en alguna universidad alemana que no recuerdo, donde desde la filología estudiaba la web 2.0. Creo que le caí simpática porque era algo exótica en ese lugar. Camino a nuestra comida grupal, me preguntó cómo sabía inglés. “Por la TV, mayormente”, le contesté, conciente que la dejaría contenta de saber que en el tercer mundo nadie toma realmente en serio las segundas lenguas. Apenas estamos tratando de resolver si le damos educación igualitaria a todos los chilenos, if you know what I mean.

Ya en la comida y a sabiendas que el en ese entonces hype europeo -Facebook- era casi exclusividad de los países angloparlantes, me preguntó en español sobre qué herramienta social era popular entre los jóvenes de Chile. Como hace mucho tiempo que ya no soy joven, tuve que pensar la respuesta. Descarté MySpace que es, evidentemente, un feo sitio para chicos con un playlist dedicado al mundo. E. me encontró la razón y me contó un chiste que terminaba en “¡tener una súper indie cool banda en MySpace no te hace ni indie ni bueno, idiota!”. Nos reímos. Seguí pensando. Deseché, por cierto, a Orkut. ¿Alguien se ha metido a Orkut sin ser brasileño?, nos preguntamos. Es la autarquía hecha red social. Nadie los culpa, la verdad. Brasil no necesita otro Brasil. Finalmente terminé por decirle -algo avergonzada para ser sincera- que el sitio social más popular entre los adolescentes chilenos era Fotolog.

¿Fotolog? ¿En serio? E. me miraba incrédula. Sí, le contesté. Todos suben sus fotos allí y hacen comentarios. Bueno, no pueden subir toooooodas las fotos ni dejar toooooodos los comentarios que quisieran, porque la herramienta no se los permite. “Sí -me contestó ella- he sabido que Fotolog es una herramienta excepcionalmente pobre”. P-O-B-R-E. Creo que hice una mueca. No supe qué decirle. Nunca logré entender la popularidad de Fotolog aún cuando puede sonar interesante la idea de una foto y unos pocos caracteres para que los adolescentes se revelaran. Tres acordes y a gritar. Pero la verdad es que el resultado es menos punk de lo que pudiera sonar. Al contrario, el resultado es -como el juicio afilado de la alemana- excepcionalmente pobre. No simple. Pobre.

¿Por qué si hay tantas otras herramientas gratis y mucho mejores se sigue prefiriendo Fotolog? ¡Alguien me puede contestar!

Las palabras de la alemana no habían pasado coladas. ¿Y si la web 2.0 termina siendo un reflejo de la idiosincrasia dominante de un país? Algo así como una herramienta pobre para un país culturalmente pobre. Es que si un alemán promedio puede dominar más de una lengua, entre otras cosas… ¿podría encontrarle gracia a Fotolog? Temo lo peor: y si al final a ningún joven le importa un carajo formar su identidad y solo les interesa una herramienta pobre para simplemente “estar”, ¿no es la semilla perfecta para la popularidad actual de Facebook? Nadie sabe muy bien para qué sirve, pero qué importa. “Estamos en el círculo social que queremos”. Miro a mi al rededor y no dejo de pensar a Chile 2008 como un anuario lleno de descripciones maqueteadas de buena onda y lindos deseos. ¿En qué se ha convertido si no Fotolog y ahora Facebook?: poco punk y más balada romántica ochentera tipo Scorpions con caída del Muro incluída. Y de repente todo me coincide. Quizás debiera comunicarme con E. y decirle que ya entiendo a Fotolog. Tal vez, hasta la encuentre en Facebook y le cuente.

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Foto con CC de Searocket.

Yo no tengo Facebook
febrero 23, 2008

 

Facebook

A mí esto me pareció raro: Este fin de semana C.(1) y C.(2) me contaron que se habían hecho un Facebook. ¡Pero si ni siquiera tienen un Fotolog!, bromeé. C.(1) me confesó que no sabía para qué servía, pero que la habían agregado un par de personas que no veía hace mucho tiempo y que, en definitiva, se dedicaba a mirar las fotos de sus contactos. C.(2) tampoco lo usaba para mucho más, pero todo el mundo tenía uno así que por qué ellas no. ¿Acaso dormí una siesta de meses? ¿Qué pasó que ahora Facebook es popular cuando -hasta pasada la medianía del 2007- pocos en Chile lo usaban?

Mientras nos dirigíamos con C.(2) a ver la foto de su amiga hawaiana con la que se había reencontrado en Facebook, recordé que a finales del año pasado sospeché que esta red se estaba haciendo una herramienta popular en Chile: LUN lo reseñaba. Después con gran bombo se anunció que el pre candidato de derecha a la presidencia, Sebastián Piñera, lo usaba para comunicarse sobre todo con los más jóvenes (agregar acá el calificativo ABC1). Luego ocurrió que el resto de la clase dirigente de este país (gente que sale en la tv) siguió publicando su vida privada, esta vez, en este nuevo formato. Y de repente ¡chaz!: me encontraba mirando una foto ochentera de C.(2) y una gringa con collar de flores, con la insistente idea en mi cabeza de que quizás debiera agregar otra obligación online más a mi vida: mantener un Facebook.

Tecleo facebook.com en mi compu y no dejo de sentir cierta inquietud. No logro decidirme a usarlo aunque no es casual -me repito- que de ser un recurso cerrado para universitarios gringos, terminara siendo una herramienta abierta para todos los usuarios que se quisieran inscribir logrando inusuales índices de popularidad en la América del Norte angloparlante y UK. Algo debe tener y de seguro bueno. Sin embargo, ¿no es extraño que la popularidad de Facebook en Chile coincida con la oferta económica que hizo Microsoft por el 1,6% de sus acciones? Aún recuerdo leer crónicas ensalzando la figura de su dueño Mark Zuckerberg, destacando su juventud, genio, suerte, dinero y envidiables capacidades como líder y emprendedor (dos cualidades tan sobre valoradas en el Chile post crisis asiática). Sí, debo aceptarlo: Facebook para mí hoy solo representa estar presente en una suerte de red de ganadores, de zuckerbergs replicados, de blancos pseudo self made esperando ser encontrados para contar y mostrarse como líderes y emprendedores. PERO EN CHILE. Una especie de yotengofacebook = yosoydelprimermundo.

Frente a la pantalla del compu, un día después C.(2) me dice que soy una ridícula. La verdad es que no me atrevo a contradecirla. Me aclara que esto terminará siendo como Messenger: si no lo tienes, te quedarás sin panoramas los fines de semanas. Y sí, lo más seguro que después de unos meses necesite hacerme un perfil en aquel sitio. Ugh -interrumpe C.(2)- me agregó un tal D. Ni idea quién es. El patético dice que quiere ser amigo mío… ¿Igual Facebook es medio psico, noooo? Atiné a encoger los hombros. Yo no tengo Facebook, todavía.

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Foto con licencia CC de pshab.