Para los que no somos Guild Master de nada

mayo 5, 2008 - Una respuesta

Oh no, oh my, pequeña saltamontes. Nadie dijo que dedicarse a la tecnología podía ser fácil. Que una mujer que solo se envició a los 14 años con Tetris y que luego a los 15 encontró otros intereses, podía seguir dedicándose al estudio de las TIC. Quién podría decir que leer libros se había transformado en la práctica old school de la gente que rodea la tecnología. Oh no, oh my, saltamontes, recuerdo cuando le conté a J. que me estaba dedicando a esto y él, con impaciencia me interrumpió y me preguntó si no iba a terminar como discípula de Fernando Flores. Fer-nan-do Flo-res: THE Mesías. Y si tan solo lo fuera, claro, tendría que botar los libros y los artículos y los estudios y ponerme a jugar World of Warcraft (WOW) día y noche, dí-a-y-no-che, para luego ser Guild Master del juego y garantizar así en mi currículum esas cosas tan de moda en este país como la asociatividad, el liderazgo, el emprendimiento. Oh no, oh my, pequeña saltamontes. Nadie dijo que dedicarse a la tecnología podía ser fácil. Cuando lo cuento la gente dice: ah, ¿has leído entonces a Flores? Y yo digo que sí pero que no. Que soy de la old school. Que me aburre pensar en la palabra dura y los ojos admirados de sus escuchas. Oye P.P. que Flores es tan impresionante que deja llorando a la gente que va a ver sus charlas. ¡Ah, ese es el liderazgo! No gracias. San Francisco y Standford. Filosofía y la ontología del lenguaje. Allende y Sillicon Valley, todo por el precio de uno. Sus admiradores me dirán que soy una resentida. Yo diré que el ‘resentimiento’ como argumento es de militar chileno en los 90’s, y que jamás pensaría en participar de ningún grupo que hable de “primeros” o de “Chile” como calificación significativa de algo. Ok. Debe ser porque los franceses me comieron el coco pues nunca fui tan inteligente como para entender a los alemanes. O que en cada persona no veo una oportunidad, ni un sueño, ni un emprendedor. Veo a una persona, con cabeza y esas cosas tan, digamos, físicas. Oh no, oh my. Nadie dijo que dedicarse a la tecnología podía ser fácil. ¿Será que el término blogósfera parece asfixiantemente concéntrico? Yep, yep, yep: tal vez efectivamente todo se trate de la innovación y yo sea tan de la old school que no me dice nada significativo que un político sea Guild Master de World of Warcraft, pero sí que reúna a cientos de ejecutivos de turno y venda la ontología del lenguaje como una dinámica de “corazón abierto” pseudocerebrada. Así las cosas, usted le pregunta a su big boss sobre el rumbo de la empresa y éste habla de que no hay que poner “sentimientos” en las conversaciones. Un aplauso cerrado. Tenemos a ejecutivos que sí que saben aplicar la ontología del lenguaje. Yes, yes and yes: set match point para Flores. Que fue ministro y que ahora es Guild Master y que si no seremos jamás campeones de nada analógico, sí que con él Chile será primero en el World of Warcraft. Y uno que es una saltamontes, mujer de la old school que leía y que leía y que estudiaba y que estudiaba porque en esos años esas cosas valían, mira su CV y piensa que no, que no es Guild Master de nada y que no piensa serlo jamás y con seriedad se pregunta si vale la pena dedicarse a la tecnología si al final del camino es un campo reservado para los hombres nerds líderes emprendedores. Oh no, oh my, pequeña saltamontes. Nadie dijo que dedicarse a la tecnología podía ser fácil. No se queje ahora y vaya a recuperar el Mario Bros, que por algo se empieza.

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Foto con CC de Brero.

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Lo que no entiendo pero entiendo de Fotolog

abril 13, 2008 - 9 comentarios

E., la alemana, hablaba perfectamente español, francés e inglés. Tan bien lo hacía, de hecho, que cuando la escuchaba pronunciar y diferenciar tan bien las “s” de las “c” y de las “z”, automáticamente yo bajaba la voz para que no me escuchara el acento español indecente que tengo por lengua madre. Era -la alemana- una mujer envidiable. Rubia-delgada-alta, claro, de unos entrados 50 años, perfectamente bien arreglada. Hacía clases en alguna universidad alemana que no recuerdo, donde desde la filología estudiaba la web 2.0. Creo que le caí simpática porque era algo exótica en ese lugar. Camino a nuestra comida grupal, me preguntó cómo sabía inglés. “Por la TV, mayormente”, le contesté, conciente que la dejaría contenta de saber que en el tercer mundo nadie toma realmente en serio las segundas lenguas. Apenas estamos tratando de resolver si le damos educación igualitaria a todos los chilenos, if you know what I mean.

Ya en la comida y a sabiendas que el en ese entonces hype europeo -Facebook- era casi exclusividad de los países angloparlantes, me preguntó en español sobre qué herramienta social era popular entre los jóvenes de Chile. Como hace mucho tiempo que ya no soy joven, tuve que pensar la respuesta. Descarté MySpace que es, evidentemente, un feo sitio para chicos con un playlist dedicado al mundo. E. me encontró la razón y me contó un chiste que terminaba en “¡tener una súper indie cool banda en MySpace no te hace ni indie ni bueno, idiota!”. Nos reímos. Seguí pensando. Deseché, por cierto, a Orkut. ¿Alguien se ha metido a Orkut sin ser brasileño?, nos preguntamos. Es la autarquía hecha red social. Nadie los culpa, la verdad. Brasil no necesita otro Brasil. Finalmente terminé por decirle -algo avergonzada para ser sincera- que el sitio social más popular entre los adolescentes chilenos era Fotolog.

¿Fotolog? ¿En serio? E. me miraba incrédula. Sí, le contesté. Todos suben sus fotos allí y hacen comentarios. Bueno, no pueden subir toooooodas las fotos ni dejar toooooodos los comentarios que quisieran, porque la herramienta no se los permite. “Sí -me contestó ella- he sabido que Fotolog es una herramienta excepcionalmente pobre”. P-O-B-R-E. Creo que hice una mueca. No supe qué decirle. Nunca logré entender la popularidad de Fotolog aún cuando puede sonar interesante la idea de una foto y unos pocos caracteres para que los adolescentes se revelaran. Tres acordes y a gritar. Pero la verdad es que el resultado es menos punk de lo que pudiera sonar. Al contrario, el resultado es -como el juicio afilado de la alemana- excepcionalmente pobre. No simple. Pobre.

¿Por qué si hay tantas otras herramientas gratis y mucho mejores se sigue prefiriendo Fotolog? ¡Alguien me puede contestar!

Las palabras de la alemana no habían pasado coladas. ¿Y si la web 2.0 termina siendo un reflejo de la idiosincrasia dominante de un país? Algo así como una herramienta pobre para un país culturalmente pobre. Es que si un alemán promedio puede dominar más de una lengua, entre otras cosas… ¿podría encontrarle gracia a Fotolog? Temo lo peor: y si al final a ningún joven le importa un carajo formar su identidad y solo les interesa una herramienta pobre para simplemente “estar”, ¿no es la semilla perfecta para la popularidad actual de Facebook? Nadie sabe muy bien para qué sirve, pero qué importa. “Estamos en el círculo social que queremos”. Miro a mi al rededor y no dejo de pensar a Chile 2008 como un anuario lleno de descripciones maqueteadas de buena onda y lindos deseos. ¿En qué se ha convertido si no Fotolog y ahora Facebook?: poco punk y más balada romántica ochentera tipo Scorpions con caída del Muro incluída. Y de repente todo me coincide. Quizás debiera comunicarme con E. y decirle que ya entiendo a Fotolog. Tal vez, hasta la encuentre en Facebook y le cuente.

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Foto con CC de Searocket.

Me encanta hablar mal de los Mac

abril 5, 2008 - 5 comentarios

La cosa es así. Esta semana me fui a comprar un reproductor de mp3 a una gran tienda. ¿Mi condición? Que fuera de varios gigas de capacidad. Punto. Me acerco al dependiente. Le pregunto. Philips o Sony son las opciones. Pienso poco convencida. Se impaciencia algo. Yo también lo noto algo nervioso. Él tiene un favorito por lejos: Philips. No sé si dejarme convencer. “Lo otro es que te compres un Ipod”, resopla indicándome abajo del mostrador donde the shining happy Ipods reposan. Mmmmurmuro. De inmediato aclara secamente: “aunque yo encuentro a los Ipod una verdadera idiotez”.

De seguro puse cara de complicidad: me encaaaaaaanta hablar mal de los Mac y la expresión algo asqueada de un hijo de vecino ante elgranproductotecnológico me conmovió. Él se siente seguro y prosigue con ese tono que ya se me hacía habitual:

– Son pura pose.

– Y tienen mal sonido (yo).

– Además de un sistema complicado (él).

– Y son tan Mac (yo).

– La verdad es que ni los recomiendo, porque si es por bonitos….

Sonreí con satisfacción. Y sí, también con algo de culpa. ¡Es que se ha vuelto tan difícil hablar mal de Mac! Un pecado contra el buen gusto, la vida en colores y las buenas ideas. Porque claro, Mac representa todo lo que un geek quisiera ser: más cercano a un hombre guapo que a uno dejado de la mano de dios; orientado a la estética que al poco gusto; líder cool que personaje solo seguido por más geeks.

Pero más allá de los diseños bonitos -la verdad es que tanto uso del blanco + adoración a Steve Jobs me parece más cercano a la secta Moon– nunca he entendido porqué Jobs es un dios al lado del diabólico Bill Gates. No, ésta no es una defensa a este último. Sin embargo, y solo por poner un ejemplo conocido en la lucha publicitaria, ¿no tienen los famooooosos Iphones un sistema tan cerrado como los propios sistemas operativos de Microsoft? O aún peor: ¿no es el organismo lider de la falsa conciencia burguesa -Greenpeace- el que atacó a otro de los suyos por terminar siendo un Iwaste?

Oye no pues, P.P., ¿es que no viste el diseño? Es que el sistema operativo es mejor. Sí, sí, yo solo hago unos power point para mis presentaciones, ¡pero en Mac me quedan increíbles! Sí, son caros. Aunque ten en cuenta que el Itunes se ve estupendamente. Sí, más que eso no hay mucho. …Emmm, te lo pregunto de nuevo, ¿es que no viste el diseño? Ya, son sistemas cerrados, ¿pero es que no viste el diseño? Blan-qui-tos. Con man-za-ni-tas.

No, le digo al vendedor, no quiero un Ipod. Finalmente elegí entre el Sony y el Philips. Me quedé con el feo. Llegué a mi casa apurada para ponerle mis mp3s y luego salí a dar un paseo por la fuente de agua que está en el parque cerca de mi depto. Escuché “Desenfocada” de La Buena Vida. Miré mi nuevo reproductor. Negro. Nada de estético, poco de buen gusto. Pensé entonces que oír esa canción -una de mis favoritas- no era casualidad. Siempre me desenfoco y termino atentando contra algo de mí misma. Podría haber tenido un Ipod. Pero me terminé llevando el reproductor feo. Nada que hacer. ¡Bah! Al menos cambiar de canción y seguir con el talón el ritmo a Patti cuando rockea Gloria. Eso ya es mucho.

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Foto CC Inju.

Los fantasmas tech

marzo 23, 2008 - 2 comentarios

 

fantasmas tech

Estoy escribiendo esto desde otro computador. Echo de menos mi teclado. No estoy acostumbrada a los golpes tan largos de estas teclas. Tampoco a la configuración de la pantalla que termina de darle un toque redondeado-setentero a las imágenes. Y lo peor -SÍ LO PEOR- es que el acento “´” está en la tecla “`” y eso, simplemente, me-es-tá-sa-can-do-de-qui-cio. Extraño mi compu pequeño y sobredimensionado para mis necesidades. Secretamente me reprocho porqué no decidí echarlo en la mochila y traerlo a esta ciudad de fin de semana. Pero no digo nada en público. Nadie puede echar de menos un aparatito, me convenzo.

Aunque claro, no estoy segura.

No echo de menos lo que significa el aparato (Internet, acceso a mi trabajo, bajar cosas) sino al aparato en sí mismo. ¿Se entiende ahora por qué no lo digo en público? Es como con mi antiguo celular. Un teléfono que para lo único que servía era para hacer llamadas. No fotos. No cámara. No mails. LLA-MA-DAS. Una especie de prueba fehaciente de austeridad tecnológica. Un verdadero acto franciscano. Pero lo cambié a uno algo más moderno y hoy no dejo de extrañarlo. Aún siento su timbre y juro que me están llamando. Veo la carcasa negra del actual y pienso que el otro podía combinarlo según la ropa. Ay -me decían- tu celular tiene los mismos tonos que la polera. ¿Ustedes realmente creen que es casual pequeños saltamontes?, solía contestar yo con algo más que simple orgullo.

Pienso si esos serán mis fantasmas tech. Esos que para mi padre se traducen en la cara de emocionada melancolía cuando recuerda el compu Times Sinclair, en la época en que recién hacía sus primeras incursiones en la informática home made 1.0. P. una vez me contó que sus fantasmas tech no iban por el dispositivo. Hace poco se acordó que a finales de los noventas creó un sitio en Tripod y que por más de una semana se adentró a su papelera de reciclaje mental hasta que encontró la dirección. Se acordó de lo que escribía. De lo que colgó. De todos esos años que ahora le parecían prehistóricos. Decidió borrar todo. Hoy se arrepiente y trabaja levantando una nueva página en Tripod. Para rescatar la estética lo-fi, me dice. Sí, le contesto, es que éramos tan lo-fi…

Con lo de P., creo que quizás sea cierto que uno esté preso de sus palabras páginas en Internet y sea mejor pensar bien en lo que se publica. Siempre recuerdo la historia de un amiga de M. que decidió tener un primer correo electrónico llamado yoamoamarcelo@yahoo.com. ¡Yo amo a Marcelo! Pero qué tal si un día termina con el tal Marcelo. Todos se enteran cuando llegue un correo diciendo: hola, he cambiado mi antiguo correo por uno normal… ¡Eso sí que es estar atrapada por un fantasma tech!

¡Ejem, ejem…! carraspea mi conciencia. Hace algunas semanas tuviste que cambiar tu clave en Bazuca. Ya se imaginarán ustedes por qué. ¡Ejem, ejem…! carraspea de nuevo mi conciencia. Ya no tienes 15 años, P.P. Ya no vale la pena pensar en lo lo-fi, P.P. Ya es hora que dejes ir los fantasmas tech, P.P. Ahahahah…, atino a suspirar: al final todo -PERO TODO- se vuelve tan analógico.

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Foto con CC de leo.prie.to

Mi playlist de Internet

marzo 15, 2008 - 7 comentarios

Internet MusicaCuando terminé de ver el avi de Juno, lo primero que hice fue pararme a buscar el disco de The Moldy Peaches y ponerle play a una de mis canciones románticas favoritas de-la-vida: Anyone else but you. Ahí, por cierto, me acordé de cómo escuchaba insistentemente ese disco allá por el 2001 y lo lindo de encontrarse con un Jorge Regula en la puerta de tu casa. Pero claro, también volví a cantar la estupenda Downloading porn with Davo y –como en una de esas iluminaciones divinas que uno tiene para entretenerse en reuniones de trabajo– supe de inmediato que a Pedestrian Technology le faltaba un ranking con las mejores canciones sobre Internet.

Y eso. Que a continuación, mi playslist tech con parte de sus letras destacadas. Confieso que las tres primeras son mis favoritas. La cuarta es un homenaje a mis amigos gays (qué sería de la web 2.0 sin ellos) y, bueno, la quinta es porque me dio risa:

  1. Get off The Internet de Le Tigre: Get off the internet!; (I’ll meet you in the street); Get off the internet!; (destroy the right wing).
  2. Downloading porn with Davo de The Moldy Peaches: Downloading porn with Davo; Put a latch on the door so Mama don’t know; That I’m downloading porn with Davo.
  3. Bitter Club de Pipas: On my way home; waiting for your email; It doesn’t come; I feel so much worst; waiting for your email.
  4. Email de Pet Shop Boys: Now time and distance melt away; No digital delay; And some things can be written down; that we’re too shy to say; Send me an e-mail that says ‘I love you’.
  5. Pela Internet de Gilberto Gil: Criar meu web site; Fazer minha home-page; Com quantos gigabytes; Se faz uma jangada; Um barco que veleje.

Otras que encontré navegando por Internet y de las que no aseguro cualidad musical alguna, son las siguientes. (Pero antes permítanme una aclaración: todo lo que abajo está escrito corresponde al más puro de todos los SIC):

  • Email my heart de Britney Spears: E-mail my heart and say our love will never die; and that I know you’re out there and I know that you still care; Email me back and say our love will stay alive; Forever, Email my heart.
  • Amor por Internet de Los Tucanes de Tijuana: Que lástima que por Internet; mis ojos no puedan mirarla; que lástima que por Internet; solamente podamos chatear.
  • My Internet Girl de Aaron Carter: You left me mail in the inbox; Thinkin’ about what we should do; (I will type again girlfriend, so tell me, tell me what you wanna do).
  • Email de Emanuel Ortega: Hoy Te Extraño Tanto; Y Las Letras Del Teclado, Se Han Confabulado; A Escribir Lo Que Siente Adentro El Corazón.
  • Send me an e-mail de J-Shin: Two o’clock in the mornin’; I’m sleepin’ and something wakes me but I don’t know what it is; [Computer goes:] “You’ve got mail”; It’s my ex, prob’ly just misses my sex.

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Foto con CC de Alicia.

La gente “so five minutes ago”

marzo 9, 2008 - 3 comentarios

 

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Llámenlo mundo globalizado. Llámenlo revolución de las comunicaciones. Llámenlo capitalismo, postcapitalismo, llegar y llevar, un dos tres moulinex. Llámenlo como quieran. Pero cuando Internet llegó a nuestras vidas también trajo consigo un fenómeno social que traspasa los límites conocidos de la comunidad geek, y que se sitúa ya no en manejar a la perfección ese último dispositivo electrónico, sino que en la velocidad de descubrir, probar, adecuar y desechar cualquier tecnología que aparezca en el mercado. ¿Los ven esperando desesperados su nuevo encargo tech por Amazon? Sí, son ellos. ¿Los ven matando con un bostezo la ilusión a las personas que cuentan de sus últimas experiencias tecnológicas? Sí, también son ellos. Salúdenlos y llámenlos con toda confianza la gente so five minutes ago.

Retrocedamos en el tiempo. Al 2004, si mal no lo recuerdo. Suena en los parlantes, de seguro, el primero de The Arcade Fire y luego una lista de neo folkies gringos. Por msn quizás estamos comentando El Eterno Resplandor De Una Mente sin Recuerdos. Aprovecho el entusiasmo y le cuento a C. -mi único conocido en este tiempo que realmente le interesaba Internet- que me había enterado sobre los blogs, así que había inaugurado uno propio (paztando vaquitas se llamaba) y que no sabía muy bien qué escribir pero al menos era mi entretención en la oficina. Entonces le envié el link a Blogger. Y C. me replica de inmediato con aliento a hastío tecnológico: “bah, Blogger es realmente limitado, P. Yo desde el 2003 estoy blogeando por TypePad, incluso de antes que fuera lanzado oficialmente EN OCTUBRE”. ¿Octubre? Sí -me mordí la lengua- llegué soooooooooo five minutes ago.

C., hasta estas alturas del tiempo, renovó su Ipod y –como por razones desconocidas no pudo encargar un IPhone— desechó el reproductor de mp3 y se conformó con reemplazarlo con un Itouch. Fue, por cierto, la primera persona que le escuché hablar sobre Youtube pero cuando al fin entré a la página ya estaba subiendo archivos al Google Videos; estuvo en las pruebas del beta de no sé qué versión del Fedora cuando apenas sabíamos de Ubuntu; y recuerdo patente que a principios del 2007, cuando J. tuvo la inocente idea de contarle de la existencia de una herramienta como Twitter, C. con un orgullo disimulado en apatía le confirmó que ya lo usaba desde hace meses. Sí -me mordí la lengua- J. llegó soooooooooo five minutes ago.

Esa noche, de vuelta a nuestras casas, me disculpé con J. El pobre no conocía lo que significaba hablar con C. ni de la existencia de la gente so five minutes ago. Terminamos inventando teorías que explicaran la importancia de llegar cinco minutos antes a una cosa que al minuto seis se haría indefectiblemente popular. Concluimos que –sin lugar a dudas– el psicoanálisis y las simbolizaciones del falo tendrían una respuesta. Nos aventuramos a pensar que si en los ochentas era el auto deportivo, con Internet era la novedad tech más reciente. It’s all about power, baby.

Tiempo después de ese encuentro, le pedí a C. que me ayudara con la compra de mi nuevo compu. Muy amablemente me recomendó uno ajustado a mis necesidades. Yo –eso sí– compré uno mejor. Uno mucho mejor. Recién salido al mercado. Lo llamé para mostrárselo. Le dije, con la expresión más seria que me salió, que de seguro era el primer modelo en Chile. Y C. me miró con esa típica cara so five minutes ago, pero esta vez con un extraño rictus en la boca. ¡Qué bien! –me dijo– espero cambiar el mío próximamente. ¡Ajá!, alcancé a soltar discretamente y me mordí la lengua mientras hacía un baile mental ganador: who-has-the-po-wer-now, baby!

C. ahora espera por su MacBook Air.

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Foto CC de Shapeshift.

Nuestra primera vez en Internet

marzo 2, 2008 - 2 comentarios
Nuestra primera vez en Internet

Como en mi vida siempre he sido tardía, mi primera vez en Internet debe haber sido el año ’98 ó ’99. Conexión telefónica en la noche, una madre advirtiendo que no vaya ser que perdiera una llamada importante y un padre amenazante con el aumento de la cuenta del teléfono. Con eso poco se podía hacer. Aunque conectarse tarde tenía algo de emocionante: el silencio sepulcral, el ruido de la conexión telefónica, los minutos tensos de espera, la conexión al fin hecha y encomendar a la suerte no esperar tanto para lograr entrar a una página. ¿Me habrá escrito un mail? (…). No, no me lo escribió. Y mi consuelo, entonces, estaba en entrar a Audiogalaxy y bajar música porque sin lugar a dudas tenía las mejores recomendaciones que jamás he vuelto a ver. Así me sentaba por largos minutos a mirar el estado de las descargas, rogando que la conexión no se cayera y que al fin apareciera un nuevo correo en la bandeja de entrada. Tiempos duros. Linda época.

A. duda. Me dice que recuerda haber estado allá por el ’98 en Holanda, sentada en un café leyendo una carta de hongos alucinógenos con su prima “europea”. Dame tu mail, le dijo la chica. A. no tenía. Sabía que existía Internet pero de seguro aún era para los gringos. Pues nada –continuó la prima al ver la cara alucinogenoextrañada de A.– mejor te doy mi Hotmail para que me escribas. Y en su primitivo inglés, A. atinó a diseccionar dos palabras: Hot + mail. ¿¡Hot!? Entonces hizo la suma y pensó que era cierto lo que se decía de los europeos de Holanda: no solo eran una tropa de drogadictos, sino también unos sexópatas. Con todo el provincianismo asumido y guardado en una maleta de mimbre, A. quiso volver a Chile. Tiempo después, claro, se hizo un perfectamente decente correo Hotmail.

M. en cambio se acuerda que hacía las primeras búsquedas por Altavista. Y que si se ponía moderna, tecleaba Yahoo! y éste –en sus tiempos primigenios– le entregaba una serie de resultados que M. debía adivinar. En libros hay 189 resultados con Agua bendita; en mapas hay 15 resultados con Agua bendita; en Shows hay 2999 resultados con… Hasta que un día, la vida le dio una lección right-in-your-face. En una fiesta, N. –un tipo siempre algo drogado y con doble personalidad declarada– le aconsejó a M. lo que le cambiaría la vida: Prueba con Gugul, te lo recomiendo. Mmm, no sabía si creerle: ¡era N. y su hálito alcohólico el que le estaba hablando! ¿Cómo? ¿Con u? Papel y lápiz: G-O-O-G-L…

Y tú, F., ¿algo que contar?

F: Mmm, recuerdo que no tuve mail hasta el 2002. Es que usaba el de mi mamá, ¿te acuerdas?

P.P: ¡Hasta el 2002! ¡De tu madre! Ay F… eso igual daría para un psicoanálisis…

F: Y ahora tengo: cuatro correos, un blog abandonado, un perfil Facebook, un Flickr… Y claro, un Mac.

P.P: ¡Un Mac! Uf F., otros tiempos lo de ahora, ¿no?…

F: Una mejor y más linda é-po-ca, P…

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Foto Creative Commons de NaOH.

Yo no tengo Facebook

febrero 23, 2008 - 4 comentarios

 

Facebook

A mí esto me pareció raro: Este fin de semana C.(1) y C.(2) me contaron que se habían hecho un Facebook. ¡Pero si ni siquiera tienen un Fotolog!, bromeé. C.(1) me confesó que no sabía para qué servía, pero que la habían agregado un par de personas que no veía hace mucho tiempo y que, en definitiva, se dedicaba a mirar las fotos de sus contactos. C.(2) tampoco lo usaba para mucho más, pero todo el mundo tenía uno así que por qué ellas no. ¿Acaso dormí una siesta de meses? ¿Qué pasó que ahora Facebook es popular cuando -hasta pasada la medianía del 2007- pocos en Chile lo usaban?

Mientras nos dirigíamos con C.(2) a ver la foto de su amiga hawaiana con la que se había reencontrado en Facebook, recordé que a finales del año pasado sospeché que esta red se estaba haciendo una herramienta popular en Chile: LUN lo reseñaba. Después con gran bombo se anunció que el pre candidato de derecha a la presidencia, Sebastián Piñera, lo usaba para comunicarse sobre todo con los más jóvenes (agregar acá el calificativo ABC1). Luego ocurrió que el resto de la clase dirigente de este país (gente que sale en la tv) siguió publicando su vida privada, esta vez, en este nuevo formato. Y de repente ¡chaz!: me encontraba mirando una foto ochentera de C.(2) y una gringa con collar de flores, con la insistente idea en mi cabeza de que quizás debiera agregar otra obligación online más a mi vida: mantener un Facebook.

Tecleo facebook.com en mi compu y no dejo de sentir cierta inquietud. No logro decidirme a usarlo aunque no es casual -me repito- que de ser un recurso cerrado para universitarios gringos, terminara siendo una herramienta abierta para todos los usuarios que se quisieran inscribir logrando inusuales índices de popularidad en la América del Norte angloparlante y UK. Algo debe tener y de seguro bueno. Sin embargo, ¿no es extraño que la popularidad de Facebook en Chile coincida con la oferta económica que hizo Microsoft por el 1,6% de sus acciones? Aún recuerdo leer crónicas ensalzando la figura de su dueño Mark Zuckerberg, destacando su juventud, genio, suerte, dinero y envidiables capacidades como líder y emprendedor (dos cualidades tan sobre valoradas en el Chile post crisis asiática). Sí, debo aceptarlo: Facebook para mí hoy solo representa estar presente en una suerte de red de ganadores, de zuckerbergs replicados, de blancos pseudo self made esperando ser encontrados para contar y mostrarse como líderes y emprendedores. PERO EN CHILE. Una especie de yotengofacebook = yosoydelprimermundo.

Frente a la pantalla del compu, un día después C.(2) me dice que soy una ridícula. La verdad es que no me atrevo a contradecirla. Me aclara que esto terminará siendo como Messenger: si no lo tienes, te quedarás sin panoramas los fines de semanas. Y sí, lo más seguro que después de unos meses necesite hacerme un perfil en aquel sitio. Ugh -interrumpe C.(2)- me agregó un tal D. Ni idea quién es. El patético dice que quiere ser amigo mío… ¿Igual Facebook es medio psico, noooo? Atiné a encoger los hombros. Yo no tengo Facebook, todavía.

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Foto con licencia CC de pshab.

A Google no le intereso (tanto)

febrero 20, 2008 - Leave a Response

Un tiempo atrás, G. me dijo que prefería Bloglines antes que Google Reader. Su opción se basaba en que Google ya sabía demasiado de él como para que ahora manejara sus suscripciones, lecturas y gustos. Y a mí, la verdad, es que la paranoia a veces me viene muy bien y no encontré muchas razones para debatirle.

Rápido repaso: uso Gmail desde hace algunos años y no se me ocurriría cambiarlo porque, simplemente, lo encuentro el mejor correo del mundo. También uso el Google Documents porque cuando estás al frente de un computador chatarra, es más rápido trabajar desde ahí. El Google Desktop, aunque a veces creo que es invasivo, me ayuda a encontrar cosas más rápido y si le hayara utilidad, de seguro bajaría el Google Maps. Ni hablar, claro, que mis páginas más visitadas son Google Reader y Google itself. Así las cosas, ¿cuánto sabe Google de mí?

Pero creo, con todo respeto a mí misma, que la pregunta debería ser ¿realmente le interesa a Google saber sobre mí? ¿De qué le sirven a esa compañía mis datos? ¿Es mi rastro de mails o búsquedas tan impactante para que una industria venga a mi caza con su publicidad? Seamos francos: no sé por qué, pero mis búsquedas siempre terminan en esas páginas html tan tipicamente early 90’s que, de tan demodé, sospecho si es que alguna vez tienen la intención de pagar a Google por cliqueo recibido. Además, entre los blogs a los que estoy suscrita están los de educación (y no, a pesar de estar en uno de los sitemas educativos más privatizados del mundo, no he elegido ningún curso por Google adds) y fanzines de moda (y tampoco, snif, le he comprado nada a Jil Sander).

¿Cuál es el negocio entonces para Google? ¿Por qué le interesa concentrar a esa long tail de usuarios dispersos como yo? Ok. Como en todo gran negocio, lo que me supone a mí y a ti en el patio de sus dominios, es que pueden especular con el número de potenciales clientes. Finalmente, el mercado ¿no se trata de eso? Es, en otras palabras, un nuevo bloof económico, otro borrego falso puesto por la mano invisible para que todos los demás lo sigan sin preguntar.

No obstante, ¿qué pasa si la información recolectada de cada usario tiene otros destinos? ¿Qué tal si se hace un revival de Mulder y Scully y todo termina siendo un gran complot del gobierno estadounidense para obtener datos privilegiados para la inteligencia estatal? Seré sincera y -como gran fan de ese show en los noventas- aceptaré que no descarto la posibilidad. Sin embargo, pienso ¿a quién engaño?: no soy terrorista, tampoco ocupo un gran puesto estratégico, ni menos soy una científica clave en el desarrollo de la humanidad. Disculpa Michael Zimmer. Pero de seguro, tooooda la información que Google guarda sobre mí por 18 meses, después se va -sin remordimiento alguno- a la gran papelera de reciclaje de la empresa. ¿Y saben qué? Ni el mundo ni los negocios han perdido algo muy valorable.

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Foto CC de missha.

Phishing romántico

febrero 18, 2008 - Leave a Response

Y A. nos trataba de convencer de que jamás te podía pasar algo tan terrible como lo que le pasó a ella con su hackeo de mail. Yo pensaba que Naty no diría lo mismo. Aunque para ser honestos, no debe ser una buena experiencia la mezcla de una mujer psico/despechada, un amigo nerd, y bueno, A. que, hasta ese entonces, poco sabía de la existencia del phishing romántico.

Lo cierto es que un día cualquiera, A. recibió un correo a Hotmail –sí, hay gente que usa Hotmail todavía- y al no abrir el archivo, le apareció un mensaje que le pedía autenticarse de nuevo. Y claro, A. lo hizo y welcome debacle. Unos días después, su ex novio la llama y le reclama que ha recibido decenas de mails suyos insultándolo. A. no entiende nada, hasta que comprende que había sido víctima de una mujer loca –la nueva novia de su ex – y de su obsesión de celos en contra de ella: con un amigo nerd, le envió un mail falso a A. y le robó su password. Lo otro –incluido el tenor de los correos enviados- ya lo podemos imaginar.

Ahhhh –le dije yo con autoridad- eso es un clásico phishing romántico. Porque no tiene que ver con robarse plata y dejarte escueta la cuenta corriente del banco, al contrario y como una buena canción de JLo, esto está más cerca del delito informático musicalizado por my love don’t cost a thing. Es un noquierotudineroquierotuvida. Una suerte de spam emocional para la víctima y el victimario. Lo pienso y veo phishing romántico en todos lados: el tipo que se roba la clave del Flickr de su ex para publicar fotos comprometedoras (las fotos y videos colgados así siempre son injuriosos para las mujeres, ¿no?); la novia que obtiene la clave del mail solo para llorar frente a la pantalla con los correos enviados por su novio secretamente a esa; etc.

Para alivio de los posibles afectados, hago memoria y jamás he ideado un phishing romántico. Ok. Corrijo. Jamás lo he llevado a cabo. No puedo tirar la primera piedra. Es que a veces pienso que: UNO, si te enganchas con una persona por lo que publica en su blog; DOS, entonces arreglaste una cita por chat; TRES, le dedicaste un playslist por LastFM; CUATRO, publicaste fotos de los paseos de ambos por Flickr… Luego, CINCO, ¿es el phishing romántico tan poco probable en las relaciones 2.0? Ok. Lo concedo. Es hora de que apague el computador y salga a la calle.

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Foto por CC de Creativity+.