La sabiduría de las multitudes estúpidas
julio 12, 2008

Seamos claros: entre que las cosas se decidan dentro de cuatro paredes o sean abiertas a la participación general, prefiero esta última. Entre la encriptada sabiduría de tecnócratas postdoctorados, opto por los sinuosos caminos de los saberes del pópulo iletrado. Aún más señas: a mí nunca me convencieron totalmente los argumentos estéticos contra la sabiduría de las multitudes. Pero algo le debo conceder a Jaron Lanier: si bien no siempre las multitudes son estúpidas, las que lo son, han encontrado en Internet el medio perfecto para popularizar su irracionalidad a través de un pseudoingenio marketinero que tiene las mismas ambiciones del crowdsourcing (pay=$0) en formato spot camuflado.

Me refiero, por supuesto, a la muletilla más comentada de toda la red: el marketing viral. Es un nombre interesante, no hay que negarlo. Se trata de posicionar un producto o servicio a través del comentario/recomendación de persona a persona a través de las herramientas de la red. Punto. Es la hot invention, claro, de los cerebros de las estrategias publicitarias que hicieron una clase de upgrade digital al chismorreo milenario. Así, hoy todo es viral. ¿Que recibiste un meme (!)? ¡Es que la web es viral! ¿Que te rickrollearon (!!)? ¡Pues que esto es viral! ¿Que agregaste en tu Facebook como amigo al perrito de Lipigas (!!!)? ¡ES QUE INTERNET ES VIRAL!

Entonces ahí hago la suma y entro a dudar de los resultados que me da. ¿No se supone que con las redes sociales de la web hay más participación y por ende un más amplio radio de reflexión entre nosotros? Así las cosas, ¿no deberían ser la web 2.0 una oportunidad para hacer una red de reputación basada en razones antes que en meros argumentos (jingles) publicitarios? En palabras simples: si todos los consumidores del mundo sabemos que la publicidad es una falsedad (una verdad arreglada, dirían por ahí), ¿por qué aceptamos ser parte de un juego del que ni siquiera nos llega un mínimo depósito monetario en nuestra cuenta corriente?

Pero claro, mis preguntas son de una perseguida. Esto es viral. Un resfrío que se contagia aunque tú pongas voluntad para no caer. Esto no se trata de racionalidades (¡las racionalidades no venden, saltamontes!) sino que de estados afiebrados y de conciencias alteradas a tal punto que sean miles los que agreguen como amigo a un perro publicitario. ¿Es que sin la web habríamos considerado amigo a Perico o le comunicaríamos a todos nuestros contactos que amábamos el manjar Colún? A mí, a veces, la sabiduría de las multitudes en formato digital no termina de convencerme.

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Foto con CC de lonelysandwich.

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